Nadie es culpable hasta que una sentencia firme declare lo contrario

Cada día es más evidente el hecho de que la opinión pública obvia la presunción de inocencia. Históricamente la función social que han cumplido los medios de comunicación es hacerse eco de los problemas que preocupan a los seres humanos. Sin embargo, en la actualidad, sobretodo en los medios televisivos, constantemente se confunden la información -teóricamente neutral y objetiva- con las opiniones -parciales y subjetivas-.
Hay determinados procedimientos que, bien por el delito cometido, bien por lo mediático que sea el sujeto activo, crean un especial interés a los ojos del ciudadano de a pie. Este hecho por sí sólo no comporta ningún problema. El riesgo aparece cuando los medios de masas entran en el juego. Es en estos casos donde se da un doble procedimiento o juicio paralelo, el de la calle y el de los Tribunales.
Los protagonistas de estos shows mediáticos son muy diversos, abarcando desde Ortega Cano o Julián Muñoz  pasando por Francisco Camps, y hasta El Rafita o De Juana Chaos. No es fácil librarse.
Los medios de comunicación sentencian y, casi siempre, condenan a su manera, pero lo peor de todo es que suelen olvidar un principio esencial en Derecho, cual es el derecho fundamental a la presunción de inocencia reconocido no sólo en nuestro ordenamiento constitucional, sino como pilar en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Estos juicios previos o paralelos dan lugar a muchos peligros. A saber, forzar a  que se adopten medidas preventivas previstas con carácter excepcionalísimo, interesar condenas desorbitadas respecto a lo establecido por el legislador en materia penal, poner en duda y valorar las sentencias de manera crítica sin entrar a analizar el resultado probatorio, lesionar el derecho, también con rango fundamental en nuestra Constitución, al honor de ciertos procesados. Y, en general, magnificar extraordinariamente la difusión de ciertos hechos sucedidos.
No se puede olvidar que los procesados, imputados, acusados, y los condenados, tienen unos derechos que deben ser respetados, ni que son los jueces, teóricamente objetivos, los encargados de impartir justicia, no las víctimas, afligidas por el dolor y, por supuesto, parciales.
La idea de que se presume inocente a todo hombre que no haya sido declarado culpable es la victoria de la lucha de la Ilustración. Beccaria ya lo proclamaba en 1764 y es ésta una conquista que los medios de masas deberían intentar mantener, con un quehacer escrupuloso y respetuoso de los derechos más básicos de nuestro ordenamiento.

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